Una pizca de Cine, Música, Historia y Arte

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jueves, 1 de noviembre de 2012

Un bello adios - 1947 - Robert C. Willes



Ante la visión de un suicidio no cabe buscar la belleza, resultaría algo casi obsceno en una imagen que siempre es durísima, a veces grotesca, en ocasiones ridícula, otras simplemente de rendición y que siempre inspira un respeto tremendo por quien allí se encuentra falto ya de vida. Algunos lo ven como un acto de cobardía, yo por mi parte pienso que hace falta mucho valor para llegar hasta allí o cuando menos sufrir una honda desesperación. Siempre aflora la curiosidad por cual habría sido el desencadenante de aquella decisión tan extrema y el deseo de no vernos nunca ante una situación tan desesperada que no nos dejara otra salida que esa.

Lo curioso de la foto que acompaña el texto, es que en ella si hay ecos de belleza, hasta de glamour (apreciaciones hechas desde el más absoluto respeto). Allí está el cuerpo, recogido sobre el techo de una limusina que parece mullirse en torno a su estilizada figura como si de un sofá de diseño se tratase, sus manos se nos muestran cubiertas por unos delicados guantes y en ademan de tocarse, quién sabe si el collar, en un último gesto de coquetería, aparece perfectamente vestida, con sus piernas cruzadas como si disfrutara de un magnifico sol en una terraza junto al mar y en su rostro un gesto sereno y de abandono a una imaginable brisa. No hay rastros de sangre y tan solo sus medias destrozadas y sus pies desnudos dan algún eco de lo sucedido. La realidad era otra muy distinta evidentemente. La chica se llamaba Evelyn McHale, tenía 23 años y tras una pelea con su novio se lanzó desde la planta 86 del Empire State Building. Tan solo dejó una nota de suicidio que escuetamente decía "Él está mucho mejor sin mí, yo nunca seré una buena esposa para nadie". Las cosas del amor…

Siempre he pensado en el matiz de oportunidad, de saber ver y encontrar en la realidad que nos rodea una buena foto y que el arte en la fotografía esta mucho en la magia de lo fotografiado más que en cuestiones técnicas por mucho que estas sean indispensables. Esta instantánea que fue portada de la revista Life en 1947, fue tomada por un estudiante de fotografía llamado Robert C. Willes que supo ver la belleza en algo tan horrible como un suicidio. Y es que mientras unos miran otros ven…
 

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