Una pizca de Cine, Música, Historia y Arte

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viernes, 26 de octubre de 2012

"Un perro andaluz": Cortando con la realidad


Posiblemente la imagen más famosa de toda la filmografía de Luis Buñuel es aquella de "El perro Andaluz" (1929), obra que hizo junto a Dalí, en la que podemos ver como una cuchilla de afeitar corta el ojo de una mujer, de la misma forma que después una nube afilada pasa por delante de la luna cortándola igualmente. Ya en 1920, Lorca (compañero de Buñuel y Dalí en la Residencia de Estudiantes) escribía en "Canción para la luna": “Luna dormida, ¡qué lentamente caminas! Cerrando un párpado de sombras, miras cual arqueológica pupila. Que quizás sea (Satán es tuerto) una reliquia”. El título del filme es el mismo que el de un poemario anterior de Buñuel, y se trata de una posible alusión al propio Federico Lorca -que era andaluz-, al menos estaba convencido que «el perro andaluz» era él, tal como explicó el propio Buñuel en 1975:
 "Cuando en los años treinta estuve en Nueva York, Ángel del Río me contó que Federico, que había estado también por allí, le había dicho: -Buñuel ha hecho una mierdecita así de pequeñita que se llama Un perro andaluz; y ese perro andaluz soy yo.-" Esta creencia de Lorca se podría justificar en la profunda enemistad que existía entre el poeta y Buñuel en aquel momento, aunque este último siempre negó cualquier referencia a Lorca en la película.

La escena del ojo cortado parece haber sido ideada por Buñuel y en su simbolismo querría señalar que se ha cegar la mirada convencional para que surja la mirada asomada al interior que era precisamente lo que promovía el Surrealismo. El propio Buñuel explicaba que:
 
  "Para sumergir al espectador en un estado que permitiese la libre asociación de ideas era necesario producirle un choque traumático en el mismo comienzo del filme; por eso lo empezamos con el plano del ojo seccionado, muy eficaz." 

  La escena tenía evidentemente su truco y lo que se cortaba con la cuchilla era en realidad el ojo de una ternera muerta que previamente había sido depilado para asemejar uno humano. No creo que sean pocas las pesadillas provocadas por la escenita, que a pesar de su primitivo montaje y del paso de los años sigue tan inquietante como el día de su estreno. Pero más allá del tajo que da la navaja, también se quedó en nuestro recuerdo ese rostro de ojos desafiantes que se enfrentaba sin miedo a la mutilación de su mirada. Pocos sabrán que aquella actriz se llamaba Simone Mareuil (1903-1954) y si bien participó en otros filmes, fue este trabajo el que le reportó fama. Al concluir la Segunda Guerra Mundial regreso a su ciudad natal, Perigueux, víctima de una profunda depresión que no pudo superar y que la llevó a suicidarse de forma trágica, se roció con gasolina y se prendió fuego "a lo bonzo" en un plaza pública. Curiosamente su compañero en la película, Pierre Batcheff había muerto también, años antes por una sobredosis de veronal. No creo que Dali o Buñuel, tan arriesgados a la hora de imaginar lo inimaginable, hubieran sospechado un final así para los protagonistas de su película.
 
 Aprovechando la anécdota os dejo la película completa, que a pesar de ser muy cortita, resulta siempre interesante. Tuvo como título provisional "Peligroso asomarse al interior" lo que sin duda abre más la curiosidad. Por allí veréis manos de las que surgen hormigas, dos burros muertos sobre sendos pianos, o un personaje que va en bicicleta que cuando deja de pedalear, se cae. Unas tetas se convierten en un culo y el vello de un sobaco en un erizo; una puerta de una habitación que lleva a la playa... y muchas otras imágenes curiosas que sólo pueden pertenecer al reino de los sueños. Surrealismo puro y duro.
 
La película:
 

 
 

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