Una pizca de Cine, Música, Historia y Arte

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domingo, 28 de octubre de 2012

Luis García Berlanga y los "Austrohúngaros"


Ahí tienen a tres de los grandes del cine español, al sensacional José Luis Lopez Vazquez disfrazado de Groucho, al piano Pepe Isbert y al director Luis García Berlanga que tenía la curiosa manía de introducir en todas sus películas, sin venir a cuento, la palabra "austrohungaro"...  lo que provocaba que ante cualquier nuevo estreno de una película suya ttodo el mundo estuviera atento a ver en qué momento y de qué forma aparecía nuevamente la palabreja. Estas son algunas de sus apariciones:

En La boutique (Las pirañas) dos hombres se disponen a comprar un barco y uno le dice al otro: “¡Éste cacharro está hecho un trasto, debió pertenecer al imperio austrohúngaro!”

En El verdugo, en la escena de la boda, el organista pregunta al cantante si esa noche estrenan “El idilio austrohúngaro.”

En La Vaquilla la palabra aparece a los pocos minutos de comenzar la película, cuando los nacionales están anunciando por altavoz las fiestas del pueblo y dicen que durante el baile se interpretará el pasodoble “suspiros austrohúngaros”.

En Bienvenido Mister Marshall se dice “Es un mapa tan antiguo que todavía existe el imperio austro-húngaro”.

En Novio a la vista a uno de los alumnos le preguntan en el examen oral por el imperio austrohúngaro.

En La muerte y el leñador (episodio de Las cuatro verdades) el hombre que arrea el mulo dice: “¡Arre austrohúngaro!”.

El director dijo en sus memorias que se trataba de una palabra fetiche, que incluirla le traía suerte. Berlanga era muy supersticioso. Recuerden que llevaba siempre en el bolsillo de su chaqueta un trozo de madera. “Pero sin pintar ni barnizar”, decía. Por eso todos los estudiosos de su cine se creyeron que Berlanga incluía la palabra “austrohúngaro” para evitar el mal fario. Estaban equivocados. Lo hacía nada más y nada menos que para reírse de su arte. Berlanga era muy inteligente y sabía que metiendo esa palabra en todas sus películas –además de utilizando otros métodos- quitaba seriedad a lo que hacía y evitaba en lo posible que su ego se hinchase más de lo necesario. Su posterior colaboración con Rafael Azcona, otro artista con los pies en el suelo, le ayudó mucho a mantener la cabeza fría.

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