Una pizca de Cine, Música, Historia y Arte

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domingo, 21 de octubre de 2012

Lewis Carroll y las niñas Alice y Gertrude





"Voy apercibiéndome de lo que significa la pérdida de memoria en un hombre viejo, y me refiero a nuevas amistades (por ejemplo, hice amistad, hace unas pocas semanas, con una niña de unos doce años, con la que di un paseo, ¡y ni siquiera puedo recordar su nombre en este momento!); pero mi memoria visual de aquella que fue, a través de tantos años, mi ideal amiga-niña, es más clara que nunca. Desde aquella época he tenido docenas de amigas-niñas, pero con ellas todo ha sido diferente...• "

El serio diácono Charles Lutwidge Dodgson, ministro protestante, matemático, fotógrafo, dibujante, lógico, excéntrico, tímido, fue —al mismo tiempo que lo anterior— un hombre que tuvo una enorme pasión por las niñas, por las jovencitas que no cumplían los quince años.


A los 24, el mismo año en que adopta el seudónimo de Lewis Carroll, Charles Dodgson conoce a las tres niñas Liddell. Queda perdidamente enamorado de una de ellas, la mediana, llamada Alicia Pleasance. Antes de ese encuentro no tenemos evidencia de que Carroll haya mostrado esa inclinación por las niñas. Esto se debe, en parte, a que su familia no ha permitido, hasta el día de hoy, la publicación total de su Diario. Si es que aún existe.

Alicia Liddell tenía tres años cuando conoció al futuro diácono Dodgson. Su belleza infantil atrajo a ese hombre extraño, tartamudo, que bien podría haber sido su padre. Pero cuando Alicia creció fue perdiendo el atractivo que Carroll veía en ella. Sobre esto escribió nuestro autor:


    Alice Liddell, fotografiada por Carroll

"Por lo general una niña se convierte en un ser totalmente distinto cuando se transforma en mujer; entonces también nuestra amistad debe adaptarse a esta evolución, lo que se traduce en el paso de una intimidad afectuosa a relaciones de simple cortesía consistentes en el cambio de una sonrisa o de un saludo cuando nos encontramos."

Lewis Carroll fue un maestro de la seducción. Con el paso del tiempo, y ante el trato continuo con niñas, fue refinando la forma de abordarlas, de ganarse su confianza, para que accedieran a ser sus amigas. Sus relaciones con niñas no pasaban de algunos abrazos y besos, además de tomarles fotos, hasta donde sabemos.

Lewis Carroll acostumbraba andar en busca de niñas en todos los lugares: frecuentaba los teatros donde se representaban obras con actores infantiles, paseaba por parques y lugares de diversión. Buscaba en trenes, carros, casas y en cualquier sitio donde se parara. Solía llevar consigo una maleta llena de juguetes, disfraces, dulces y chucherías que, sabía, agradarían a las infantes. Luego de hacer contacto con ellas, comenzaba a contarles historias divertidas, donde la protagonista era la niña en cuestión. Hacía magia, actos de prestidigitación, inventaba juegos. Después daban paseos, ya sea por los jardines cercanos, las playas o iban a Londres, la ciudad que siempre tenía cosas por descubrir.
Una vez ganada la amistad de la niña, Carroll la invitaba a su casa. Su apartamento en Oxford era amplio, con cuatro habitaciones, cocina, salas de servicio, etcétera. En una de las habitaciones había juguetes, trajes, diversiones, como un murciélago llamado Bobette. Construido por Carroll, mediante unos hilos casi invisibles parecía volar de verdad. Además podían encontrar cajas de música y juegos, muchos juegos.
Esa invitación era el punto culminante de la relación. Carroll no invitaba más de una niña por vez. Seleccionaba rigurosamente el menú escogido para la ocasión, exageraba el protocolo y servía el té con meticulosidad. Más tarde anotaba los detalles de cada una de las visitas en su diario, intentado de esa manera no cometer el error de repetir en el futuro algún platillo, diversión o historia con la misma niña.
Luego de comer, servir el té, jugar y contar historias, Carroll llevaba a la visitante en turno al estudio de cristal que había mandado construir. El objetivo era que posara ante su cámara fotográfica. Ayudado por una mujer, Carroll transformaba a la niña, vistiéndola con disfraces obtenidos en teatros. Creaba además una escenografía adecuada para esa sesión fotográfica en especial.
¿Demasiado tiempo invertido para sólo unas fotografías? Bueno, el propio Carroll escribió: "Ellas, las niñas, constituyen las tres cuartas partes de mi vida". Así que cada quien pasa la vida como mejor cree. Carroll deseaba pasarla fotografiando niñas, platicando con ellas y amándolas en secreto.

Hacia 1862 Carroll invertía las tardes en contar historias y entretener a las tres hermanas Liddell. Su preferida era Alicia. Así que la protagonista de las aventuras que les contaba era ella. La memorable tarde del 4 de julio de ese año, durante un viaje en bote, Carroll comenzó un nuevo cuento. Pero esta vez las niñas quedaron fascinadas con la historia, más que otras veces. Al término del paseo, Alicia pidió al diácono que le escribiera la aventura que acababa de relatarles, para así poderla leer después.

Dice la leyenda, y el Diario de Carroll, que el diácono se pasó toda la noche escribiendo el relato. Para la navidad de ese año, Alicia Liddell recibió el ejemplar manuscrito de Las aventuras de Alicia en el subterráneo, con ilustraciones del autor, quien era buen dibujante, a juzgar por los trabajos que se conservan. Tres años después el libro se publicó, cambiando su título a Alicia en el país de las maravillas, volumen al que debe su fama Lewis Carroll.

Pero al crecer, Alicia Liddell perdió el encanto para nuestro autor. La familia de Alicia, al verla convertirse en jovencita, consideró que su amistad con el diácono no era saludable. La madre Liddell obligó a la niña a quemar las cartas que Carroll le había escrito. Con ello se perdió buena parte de un lado que poco conocemos del autor de esas misivas, las cuales sin duda eran abundantes, pues hubo días en que escribió tres o cuatro.

Pese al gran amor que sentía por Alicia, al perderla Carroll no se echó a llorar. Pronto encontró consuelo. Si en la década de los sesenta su favorita fue la niña Liddell, en los setenta fue Gertrude Chataway, en los ochenta Isa Bowman y en los noventa Enid Stevens. Según testimonio de las niñas, ya convertidas en adultas, esas relaciones no pasaban de lo que sabemos: contar cuentos, decir frases ingeniosas, juegos entretenidos, fotografías. Nada más.



   Gertrude, fotografiada por Carroll

Gertrude Chataway, por ejemplo, recuerda cómo pasaban horas y horas juntos:

"Por mi parte, sentía el interés normal de los niños por los cuentos de hadas y maravillas, y su facultad de contar cuentos, como es natural, me fascinaba. Solíamos estar sentados durante horas en los peldaños de madera que iban a nuestro jardín hasta la playa, mientras me contaba los cuentos más maravillosos que alguien pueda imaginar, a menudo ilustrando los momentos más interesantes con un lápiz mientras iba contándolos."

Quizá tengamos derecho a dudar de si las relaciones de Carroll con las niñas se limitaban a lo anterior, pero esas infantes fueron tantas que alguna, tal vez sólo por afán sensacionalista, pudo haber contado lo contrario. Hasta donde sabemos, nadie lo hizo.

Dada la meticulosidad de Carroll, iba anotando con toda precisión los nombres de las niñas y las acciones que con ellas había ejecutado (comidas, paseos, viajes, etcétera). De acuerdo con lo que conocemos de su Diario, publicado de manera parcial debido al puritanismo de los descendientes de la familia Dodgson, hasta marzo de 1863 encontramos 107 nombres. Si calculamos que todavía vivió 35 años más, tal vez nos demos una idea muy cercana de cuántas amigas niñas tuvo a lo largo de su existencia.

Carroll incluyó a las niñas, al igual que lo hizo en su literatura, en otra de sus pasiones: la fotografía. Carroll retrató a famosos artistas y escritores de su época, profesores y religiosos, pero pronto fue especializándose en las niñas. Se le considera el mejor fotógrafo aficionado de niñas durante el siglo XIX inglés, distinción que de seguro hubiera molestado al diácono.

Pronto la fotografía de niñas semivestidas, transformadas, en poses sugerentes, no complacieron del todo a Carroll. El 21 de mayo de 1867 encontramos en su Diario una curiosa anotación: habla de haber fotografiado desnuda a una niña de nombre Beatrice. Veamos lo que el diácono anotó en su Diario acerca de otra infante: "He hecho una serie de fotos de la pequeña Ella, sin más vestido que un ceñidor a la manera de los salvajes... Si me atreviera, prescindiría de los vestidos. Las niñas desnudas son totalmente puras y encantadoras".

Las fotografías de desnudos sólo eran tomadas si la modelo no mostraba reticencias a ello. De Alicia no conocemos, o no sabemos, que la haya fotografiado desnuda. Sólo nos han llegado doce fotos donde ella aparece, ya sea con sus hermanas o sola. La más impresionante de todas es aquella en la que Alicia está vestida como pequeña mendiga.
Las fotografías de desnudos asustaron al diácono Dodgson cuando se acercaba al final de su existencia. Educado en el peculiar puritanismo anglicano y viviendo en la época victoriana —que condenó a Oscar Wilde por homosexualismo, por ejemplo—, Carroll se arrepintió de haber tomado aquellas fotos. En su testamento escribió: "...todas las fotografías y retratos sospechosos de mis amigas sean devueltos a sus familiares o incinerados".

Sus descendientes le hicieron caso, al pie de la letra. El día de hoy no se conserva —hasta donde se sabe— ninguna fotografía de su autoría con niñas desnudas. Quizá sea una lástima que Carroll no tuviera un Max Brod, el albacea de Franz Kafka que se negó a seguir sus instrucciones: quemar la obra kafkeana. Esto a pesar de haberle prometido a su amigo, casi en el lecho de muerte, hacer su última voluntad.

Lewis Carroll ha pasado a la historia de la literatura como un innovador. Pero también en la historia social lo encontramos en su papel de amante platónico de niñas, con un amor rabioso, extraño, pasivo, tímido, casi literario. Y a pesar de haber tenido varios cientos de amigas niñas, nunca olvidó a la que nosotros no podemos olvidar: Alicia. Un nombre tan literario y de reminiscencias tan entrañables como Betsavé, Beatriz, Eloísa, Casandra, Emma, Antígona, Hécuba y muchas más.

(Tomado del ensayo de Fernanda Viramontes)

5 comentarios:

  1. No quisiera polemizar, y entiendo que para el autor del texto esto a penas roza los límites de lo que para mí es mucho mas claro. Pero yo no soy objetiva, lo reconozco.
    Siempre se me podrá tachar de ver cosas que no hay porque yo las viví. Pero no quise dejar vuestra fantástica pagina, que sigo desde que ya erais un pequeño apartado del Facebook sin dejar mi opinión personal.

    "¿Amor truculento, desviación, deseo malsano?"
    No, me temo que es mas simple: pedofilia.

    "¿Sátiro, demente, obseso sexual? Nada de eso, porque sus relaciones con niñas no pasaban de algunos abrazos y besos, además de tomarles fotos, hasta donde sabemos"
    La definición que viene en la proclamación de los derechos humanos dice: De manera genérica, se considera abuso sexual infantil o pederastia a toda conducta en la que un menor es utilizado como objeto sexual por parte de otra persona con la que mantiene una relación de desigualdad, ya sea en cuanto a la edad, la madurez o el poder. Eso incluye tocamientos exhibición y tomar fotos o mostrarlas.

    "Las fotografías de desnudos sólo eran tomadas si la modelo no mostraba reticencias a ello"
    Una niña de 10 años ¿tiene capacidad para decidir si quiere o no que le hagan unas fotos con poca ropa? ¿Sabe acaso lo que eso significa, o puede significar para el que mira la foto? Para mí con siete años era un juego, siempre un juego que terminaba siempre mal, pero nunca dejó de ser un juego para mis siete años. Flaco favor ha hecho la interpretación que muchos han hecho de la novela de Nabokov.

    Y creo que no es puritanismo. Es ignorancia de la mayoría de la gente de lo que realmente son los Abusos Sexuales Infantiles.

    Insisto, no quiero polemizar ni dar lecciones a nadie, y tal vez este no es el sitio, pero tal vez porque siento que estoy en una cruzada personal, necesitaba compartir mi opinión.

    Sois libres de borrar el comentario si lo creéis oportuno.

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    Respuestas
    1. (celia) Tenéis toda la razón, Némesis y LuisAlf MagdaRodri. Busqué en la red un artículo que explicara la relación de Carroll con las niñas y este me pareció el más completo y exhaustivo, y lo copié integro cuando no debí. Es cierto que la postura de la autora parece justificar la conducta del escritor, y ahora que lo habéis señalado se me presenta más claro. No se trata en ningún caso de mi opinión pero no debí mostrar afirmaciones como esas en nuestro blog porque da lugar a creer que las confirmamos. Lo siento de veras.

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    2. No te preocupes Celia.

      Me pareció que era un articulo rescatado de la red, pero no por ello es menos veridico. Y te felicito en su publicación

      Por desgracia es una postura bastante habitual en la sociedad en general el "perdonar" ciertas conductas pensando que no hacen daño, cuando por desgracia si lo hacen.
      Pero esto es por desconocimiento del tema. La gente sigue pensando que una simple caricia de caracter íntimo a un niño no hace daño, o una simple foto del menor desnudo, a fin de cuentas, no lo tocan...

      Pero no imaginas el daño tan devastador que puede causa simplemente que te metan la mano dentro de tu ropa interior cuando tienes ocho años. O que de repente te pidan que te cambies de ropa o te la quites para unas fotos... Y mucho mas cuando se trata de un hombre al que quieres muchísimo porque te cuenta cuentos preciosos y hasta ese momento te ha dado un cariño "sano". La confusión que provoca es muy profunda y puede dejar secuelas enormes.

      Pero ya te digo, es por desconocimiento del tema. Pertenezco a una red de personas que estamos intentando dar a conocer esta realidad oculta para concienciar a la sociedad, las trabas son importantes, porque muchos prefieren pensar que esto no ocurre, y no contribuyen en las campañas de concienciación. Y a veces, cuando tengo oportunidad, me lanzo a la piscina y dejo mi opinión en lugares tan remotos como vuestro blog para intentar al menos que uno solo de vuestros lectores cambie su postura y se interese por lo que hay bajo la superficie.

      Espero que con mis palabras al menos haya iniciado una alerta.

      Muchas gracias por tu respuesta, y reitero mi enhorabuena. Una amante del cine, la música, la historia y el arte como yo no podría dejar de seguir vuestro blog.

      Un saludo muy cordial.

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  2. En todo el tiempo pasado me ha costado ser consciente del drama del abuso sexual infantil. Y por mucho que me digan que quizás saque las cosas de contexto, el post anterior describe a una persona como las que comparten nuestros días, que se excusan con su propia retorica para no llamar a las cosas por su nombre.

    No quito ni una sola coma de las palabras de Nemesis, por lo acertadas...

    Un artista sí, pero también un amante de lo prohibido!!!

    Un saludo.

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  3. (celia) Tenéis toda la razón, Némesis y LuisAlf MagdaRodri. Busqué en la red un artículo que explicara la relación de Carroll con las niñas y este me pareció el más completo y exhaustivo, y lo copié integro cuando no debí. Es cierto que la postura de la autora parece justificar la conducta del escritor, y ahora que lo habéis señalado se me presenta más claro. No se trata en ningún caso de mi opinión pero no debí mostrar afirmaciones como esas en nuestro blog porque da lugar a creer que las confirmamos. Lo siento de veras.

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