Una pizca de Cine, Música, Historia y Arte

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jueves, 11 de octubre de 2012

El Cafe Gijón: La Colmena de los tertulianos

Interior del Café Gijón
 
El Café Gijón (denominado también Gran Café de Gijón) es un café de importancia cultural situado en el bulevar principal del madrileño Paseo de Recoletos n.º 21. Se inauguró en 1888. Su propietario, el asturiano Gumersindo García (para otros Gómez), lo traspaso, en 1913, por 60.000 pesetas, a un peluquero de la calle de Ayala, el abuelo de José López, con el que el Café vivió muchos de sus años de esplendor.

Evitando los primeros años, son famosas las reuniones que alli se dieron durante y tras la guerra civil. No solo de literatos, sino tambien de poetas, pintores, la peña juridica, de toreros, fanáticos del fútbol y hasta del frontón. En la terraza del Gijón se podía ver frecuentemente a Federico García Lorca, a cuya tertulia asistía tambien el torero Ignacio Sánchez Mejías. En la terraza se podía ver a la exitosa actriz de la época Celia Gámez y en el interior del local a un joven Enrique Jardiel Poncela, a Agustín de Foxá y tantos otros. El Café era muy popular ya en 1934, a pesar de la fuerza de los cafés del centro de Madrid y de la Puerta del Sol.

La muerte de Valle-Inclán en el año 1936 dio indicios negros para los cafés de tertulias. Los integrantes de la generación del 98 estaban más bien dispersos y los de la del 27 que empezaban a despuntar no terminaban de aparecer por las tertulias, dada la difícil situación política. La Guerra Civil hizo que los tertulianos anteriores no apareciesen habitualmente, y el café se llenó de activistas y milicianos. Los asesinatos de Pedro Muñoz Seca y de Ramiro de Maeztu hicieron que las tertulias abandonaran sus actividades.

Pocas semanas después del final de la contienda y a pesar de las evidentes ausencias, empezaron a aparecer en el Gijón tertulianos famosos como Eugenio d'Ors y Enrique Jardiel Poncela, habitual del Café Castilla. Había caras nuevas que conformarán las tertulias posteriores. Apareció un grupo de jóvenes contertulios a los que se denominó «Juventud Creadora» o «garcilasistas», entre los que estaban José García Nieto, Pedro de Lorenzo, Rafael Romero, Jesús Juan Garcés, Eugenio Mediano Flórez, Salvador Pérez Valiente y otros más que se fueron incorporando poco a poco con posterioridad. Un asiduo de aquellos días era el escritor Camilo José Cela.

No menos rico es el capítulo de anécdotas, historias curiosas y sucesos chocantes. José López cuenta algunas que parecen ficción ingeniada por algún gijonadicto. «Había un señor que venía todas las mañanas en el coche con chófer y muy bien vestido. Al entrar nos saludaba amablemente a todos por nuestros nombres y se metía en los servicios. Al salir nos volvía a saludar y se marchaba sin más. Intrigado por su conducta, un camarero le preguntó a qué se debía. Impasible, el caballero respondió: "Es que si no orino en el Gijón, yo es que no orino".»

En el retablo de protagonistas, junto a los personajes históricos, no podemos olvidar a los tipos pintorescos, como "El Madriles", que cuando llevaba a Buero Vallejo al Gijón se tomaba un cazalla y compartía con el caballo del coche una lata de jamón de york. Y las figuras entrañables, como la del camarero Manolo Luna, institución del café, a quien muchos clientes acudían cuando pasaban apuros económicos. Algún pintor novel correspondió a sus préstamos con un lienzo que ha llegado a alcanzar posteriormente un insospechado valor.

A un famoso escritor le ocurrió un incidente en el Café Gijón que reafirmó la fama que gozaba de gafe. «Un día, alguien que lo reconoció se atrevió a pronunciar su nombre completo en voz alta y, al momento, se produjo una explosión de gas, precisamente en la mesa donde estaba sentado.»

«También vino durante una temporada un anciano de aspecto respetable, que se paseaba por el café, echaba un vistazo y se iba sin tomar nunca nada. Un día me confesó que hacía cuarenta años se había citado aquí con un amigo y entraba para ver si éste acudía.»

Los tertulianos del Café eran artistas y escritores que poseían un alineación con el régimen algo dudosa lo que puso al Café en situación comprometida. La ley de vagos y maleantes de aquellos años permitía arrestar a los escritores alegando «peligrosidad social». Por aquellos años se estableció la «tertulia de los poetas» a primeras horas de la tarde, de tres a seis, presidida por Gerardo Diego.

La época de posguerra era mala y muchos de los tertulianos no tenían dinero. Algunos de ellos solicitaban las comandas «a cuenta». El «cerillero» Alfonso González Pintor prestaba dinero y muchos de los escritores de la época debían dinero a este personaje colocado «estratégicamente» en el interior a la entrada del local. Otros solicitaban agua o bicarbonato, artículos gratuitos, de los que con gracia y consuelo decían: «Algo alimentará». A pesar de todo ello, el Café permanecía lleno la mayor parte del tiempo y era difícil sentarse. César González-Ruano, eterno tertuliano en el Café, y Camilo José Cela eran los asistentes asiduos durante aquellos tiempos. Las tertulias de esa época comenzaban a las tres y se prolongaban hasta las siete de la tarde. Asistían escritores, personas del teatro, oficinistas, etc.

En 1949 tomó la iniciativa un joven actor de cine y teatro llamado Fernando Fernán Gómez y creó un premio de novela en el Café con su nombre, instaurando de esta forma el premio de novela corta Café Gijón. En su primera edición, él corrió personalmente con los gastos y el premio fue a parar a César González-Ruano. A medida que iban avanzando los años cincuenta el Café se fue instaurando como el lugar de tertulias por excelencia.

La popularidad fue creciendo y pronto lo visitaban los escritores internacionales de prestigio; por ejemplo, Truman Capote visita el Café y lo recibe una delegación de escritores. Los personajes importantes de Hollywood como son Ava Gardner, Orson Welles acompañado de su amigo Joseph Cotten y, sobre todo, el actor británico George Sanders que vivió durante una temporada en Madrid. Su popularidad en aquellos tiempos hacía que muchos que querían ser famosos tuvieran que pasar por las terrazas veraniegas del Gijón.

Con el inicio de la democracia española, el Café poco a poco se fue llenando de nuevos contertulios. Una de las musas del Café Gijón de esta época fue Sandra, una mujer que presenciaba las reuniones de tertulia, animando, afirmando en voz alta ser una prostituta. El escritor y tertuliano Francisco Umbral publicó en el año 1972 La noche que llegué al Café Gijón, libro en el que expone con su visión personal la vida acaecida en el Café en los años sesenta y setenta.

En el Café Gijón todo pudo ser posible. Hasta organizar una cena underground con un maniquí como invitado de honor. Hasta tomar por cinco pesetas un café. «Hoy esto sigue siendo un buen negocio pero las cosas ya no son lo que eran», ya en 1979 decía con nostalgia uno de los camareros de la casa (el más joven, con diecisiete años de servicio). «Cada vez viene menos la gente seria y señorial de antes, aunque todavía algún viejo cliente llama a la dueña para protestar porque no han encontrado papel higiénico en los servicios o porque les han servido la jarra de agua con cinco trozos de hielo, en vez de siete, como es la costumbre.»

Por Marian Otero

Como complemento, os dejo un trocito de "La Colmena" que tiene mucho del Cafe Gijón donde tantas tardes paso su escritor Camilo José Cela:

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