Una pizca de Cine, Música, Historia y Arte

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domingo, 28 de octubre de 2012

Franz Kafka.- Carta al padre (1919)




De niño pensaba que conservaba la vida gracias a tu favor y la llevaba como un regalo inmerecido...de tus amenazas había una que me aterrorizaba: “te mataré como a un insecto”. Yo era un niño tímido pero no creo que haya sido difícil de manejar, ni creo que una palabra amable,un tomarme de la mano en silencio, una mirada bondadosa, no haya podido obtener de mí todo lo que deseabas... entonces ya habría necesitado de tu estímulo, porque me sentía aplastado por tu presencia... me acuerdo cuando
nos desnudábamos en la casilla del baño, yo delgado, débil, pequeño; tú fuerte, grande, ancho. Me sentía un miserable, y no sólo frente a ti, si no frente al mundo entero, porque para mí eras la medida de todas las cosas.

¿Por qué, entonces, no me casé? Había, como siempre las hay, algunas dificultades, pero la vida consiste ciertamente en aceptarlas. La dificultad esencial, independiente por desgracia del caso en sí, era que, a ojos vista, soy espiritualmente incapaz de casarme. Se manifiesta en el hecho de que, desde el momento en que adopto la decisión, ya no puedo dormir, la cabeza me arde día y noche, la vida ya no es vida, y desesperado, ando tambaleándome de un lado a otro. No son en realidad las preocupaciones
las que producen esto, si bien las acompañan inquietudes infinitas, surgidas de mi pesadez y pedantería, pero ellas no son lo decisivo, aunque consumen como gusanos su tarea en el cadáver; las que me derriban definitivamente son otras causas: la presión general, el miedo, la debilidad, el menosprecio de mí mismo.
Afortunadamente también hubo excepciones cuando sufrías en silencio, padre, y la fuerza del amor y la bondad vencían a las que se les oponían. Esto sucedía ciertamente muy poco, pero era maravilloso… como durante mi última enfermedad, te parabas en la puerta y estirabas la cabeza para verme en la cama y, por consideración, me hacías un saludo con la mano. En esos momentos yo me recostaba y lloraba de alegría, y hoy que lo escribo vuelvo a llorar.

La vida es algo más que un juego de paciencia…pero se ha logrado, padre, entre tú y yo, a pesar de todo, una aproximación, tan cercana a la verdad, que podrá tranquilizarnos un poco y hacernos más fácil el vivir y el morir.


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